Traducido del inglés. Se agradecen correcciones.
Ōmi-Hachiman y Gokashō: dos días en los pueblos mercantes junto a los canales del lago Biwa
Al oeste de Maibara, el Tokaido Shinkansen cruza Shiga sin detenerse: arrozales, un destello del lago Biwa, un túnel y, enseguida, Kioto. En la vía más lenta que recorre la orilla oriental del lago, los mercaderes de Ōmi levantaron un pueblo de canales y, un poco tierra adentro, una aldea de muros blancos donde las carpas nadan en las acequias. Los dos siguen ahí, mucho más tranquilos que el comercio que los pagó.
Bajarse donde el tren bala no para
Ōmi-Hachiman (近江八幡) está en la línea JR Biwako (琵琶湖線), el ferrocarril convencional que sale de Kioto y sigue el lago hacia el norte. El Rápido Especial, shinkaisoku (新快速), hace el trayecto en una media hora. La estación es moderna y se olvida pronto. El casco antiguo queda un par de kilómetros al norte, y eso es lo primero que el mapa no deja claro.
La mayoría de los visitantes lo recorren en medio día y se marchan a media tarde. Pasar la noche lo cambia todo: cuando los autobuses de excursión dejan el estacionamiento junto al santuario, el sendero del canal queda para quienes pasean al perro y para las garzas inmóviles en las aguas bajas. Los dos días se reparten solos: primero el canal, la montaña y los cañaverales de Ōmi-Hachiman; después Gokashō, una aldea mercante más pequeña.
Mañana en el Hachiman-bori
El Hachiman-bori (八幡堀) se excavó a finales del siglo XVI, cuando Toyotomi Hidetsugu trazó la ciudad castillo y la unió al lago para que las barcas cargaran en las puertas traseras de los mercaderes. Los muros de piedra aún bajan en escalones hasta el agua, pulidos allí donde la mercancía llegaba a tierra. Almacenes de enlucido blanco, los kura (蔵), bordean las orillas, y los sauces se inclinan sobre un sendero tan estrecho que dos paraguas abiertos tienen que negociar el paso.
Todavía hay quien recuerda el canal cegado por el limo y a punto de ser rellenado. Los vecinos lo dragaron en su lugar, y hoy los rodajes de dramas de época lo usan tan a menudo que un tramo acordonado no sorprende a nadie. Recórrelo temprano, antes de que salgan las barcas turísticas.
En el extremo norte, Himure Hachimangū (日牟禮八幡宮) marca el calendario del pueblo. Su recinto acoge a mediados de marzo el festival del fuego Sagichō (左義長), cuando cada barrio pasea sus carrozas de paja y papel antes de quemarlas, y en abril el festival Hachiman, con sus enormes antorchas. Confirma las fechas con el santuario o con la asociación de turismo de Ōmi-Hachiman antes de organizar el viaje en torno a cualquiera de los dos.
Shinmachi-dōri y los mercaderes que se fueron
A pocas calles al sur, Shinmachi-dōri (新町通り) conserva las casas de los Ōmi shōnin (近江商人), mercaderes que salieron de esta provincia con una pértiga al hombro, el tenbin-bō (天秤棒), y tejieron redes comerciales por todo Japón. La Antigua Residencia Nishikawa (旧西川家住宅) y la Antigua Residencia Ban (旧伴家住宅) están abiertas al público, y el tamaño de sus almacenes dice más del negocio que cualquier panel informativo.
El credo de los mercaderes, sanpō yoshi (三方よし), aparece en las cortinas de las tiendas y en las toallas de recuerdo: bueno para quien vende, para quien compra y para el mundo que los rodea. En una casa donde el altar familiar, la sala de cuentas y la cocina quedan a pocos pasos, parece menos un eslogan que un plano de la casa.
売り手よし、買い手よし、世間よし。
El otro constructor del pueblo llegó de mucho más lejos. William Merrell Vories, un estadounidense que vino a enseñar inglés y se quedó, diseñó aquí muchos edificios, entre ellos la Antigua Oficina de Correos de Hachiman (旧八幡郵便局), con su estuco y su hastial curvo. La celosía junto a marcos de ventana occidentales es la verdadera firma del pueblo. Para almorzar, prueba el akakonnyaku (赤こんにゃく), konjac teñido de rojo ladrillo con óxido de hierro y cocido a fuego lento en salsa de soja, y el decchi yōkan (丁稚羊羹), un suave dulce de azuki cocido al vapor en corteza de bambú, que debe su nombre a los aprendices que lo llevaban a casa cuando tenían permiso.
Montaña arriba, hacia los cañaverales
Hachimanyama (八幡山) se alza detrás del santuario, y un teleférico sube a la cima en pocos minutos. Allí arriba quedan los cimientos de piedra del castillo de Hidetsugu y Murakumo Gosho Zuiryū-ji (村雲御所瑞龍寺), un templo nichiren fundado en su memoria y trasladado aquí desde Kioto. Desde el borde se ve aquello en torno a lo cual se organiza el pueblo: el lago al oeste y, al norte, una lámina plana y verde de agua y juncos.
Ese verde es el suigō (水郷), la tierra de agua que rodea la laguna Nishinoko (西の湖). Varios operadores ofrecen paseos en barca, los suigō meguri (水郷めぐり), algunos todavía a remo, por canales flanqueados de cañaverales, los yoshi (ヨシ), que se cortan en invierno para hacer esteras y techumbres. Lo que más se oye es el remo. Las rutas y las temporadas cambian según el operador, así que reserva directamente con ellos o a través de la asociación de turismo. Si aún queda luz, La Collina Ōmi-Hachiman (ラ コリーナ近江八幡), la tienda insignia con techo de hierba de la confitería Taneya, está a un corto trayecto en autobús.
Día dos: Gokashō, donde las carpas nadan en las acequias
Gokashō (五個荘), hoy parte de la ciudad de Higashiōmi, fue la cuna de otra rama de la misma tradición mercantil, sobre todo de comerciantes de textiles. Su distrito de Kondō (金堂) es un barrio protegido de muros encalados y tejados de teja negra, con canales de piedra a lo largo de las callejuelas. Llevaban agua para lavar y para apagar incendios; las carpas que hoy se deslizan por ellos son lo que casi todo el mundo fotografía.
Varias casas de mercaderes están abiertas, entre ellas las residencias de la familia Tonomura (外村家) y la casa de Nakae Jungorō (中江準五郎邸). Busca los kawato (川戸), lavaderos de piedra donde un canal se cuela bajo el muro y entra en la propiedad. Cerca de allí, el Museo de los Mercaderes de Ōmi (近江商人博物館) traza las rutas de aquellos vendedores ambulantes con réplicas de pértigas que puedes levantar, y entonces las distancias se vuelven reales.
Entre semana quizá compartas la callejuela solo con una furgoneta de reparto y con alguien que saca hojas del agua con un rastrillo. Si alguna tienda vende funazushi (鮒ずし), la carpa cruciana fermentada de Shiga, compra unas pocas láminas antes de lanzarte a más; su sabor está más cerca de un queso intenso que del sushi.
Cómo organizar los dos días
Desde la estación de Ōmi-Hachiman, un autobús local va hacia el norte hasta el casco antiguo; Ōsugi-chō (大杉町) es la parada habitual para el canal, y en un día seco las bicicletas de alquiler de la estación son una buena opción. Para Gokashō, toma el Ferrocarril de Ōmi (近江鉄道) hasta Yōkaichi (八日市) y transborda hacia la estación de Gokashō (五箇荘駅), o sigue en JR hacia el norte hasta Notogawa (能登川) y continúa en autobús. Hay pocos servicios y el último tramo no es corto, así que consulta las conexiones con la oficina de turismo de Higashiōmi. No des por hecho que tu tarjeta IC funciona en el Ferrocarril de Ōmi; pregunta en la taquilla y lleva efectivo.
El final de la primavera es la mejor época para los cañaverales y las barcas, y el otoño es más fresco para caminar; a principios de abril, la floración llena el canal de gente. Las casas, los museos, el teleférico y las barcas cobran cada uno por separado, y algunos venden entradas combinadas, así que confirma precios y días de cierre con cada lugar o con las asociaciones de turismo de los dos pueblos. El error que hay que evitar es empezar Gokashō a media tarde, cuando las casas están a punto de cerrar y el tren que necesitas ya es el último que te viene bien.
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